Nuestras bodegas están situadas en Barberá de la Conca, muy cerca de dos lugares emblemáticos en la historia de Cataluña: la ciudad fortificada de Montblanc y el monasterio de Poblet. Una tierra plagada de historia y de tradiciones.
Allí donde se asentaron los monjes cistercienses, hace casi mil años, con el firme propósito de buscar el camino hacia la perfección. Un espíritu que está presente en el alma de nuestros habitantes y se refleja en la manera de trabajar de sus gentes.

Geológicamente es una tierra rica y equilibrada, pardo-caliza, cargada de matices y que ofrece unas cualidades naturales óptimas para el cultivo de la vid.

Este es el espíritu de nuestra bodega, su orgullo por la tierra a la que pertenece y un trabajo que recoge una tradición milenaria a la vez que aplica los últimos conocimientos en viticultura y enología con el propósito de conseguir unos vinos de carácter único con un marcado temperamento y sensibilidad.